888 Meses

Hay un número que casi nadie se detiene a pensar: 888.
Esa es la media de meses que vive un ser humano en la Tierra hoy.
Setenta y cuatro años, más o menos.
Nada poético, solo la medida real del tiempo que, con suerte, tenemos para estar vivos.

Y sin embargo, casi todos vivimos como si no lo supiéramos.
Nos hacen creer que el tiempo es infinito porque conviene:
si piensas que no se acaba, trabajas sin preguntar, consumes sin pausa y pospones sin culpa.
“Ya habrá otro año”, te dices. “Ya lo haré cuando tenga tiempo”.
Pero el tiempo no se tiene, se usa.


El engaño del calendario

Si lo miras desde la ciencia, la idea de repetición es una ilusión.
Nos enseñaron ese dibujo de los planetas girando alrededor del Sol, pero la realidad es otra:
mientras la Tierra gira, el Sol se mueve a toda velocidad por la galaxia,
y la galaxia misma viaja hacia otra parte del universo, recibiendo meteoritos, cometas, polvo estelar nuevo cada segundo.
Nada está quieto.

Y hay algo aún más revelador: nunca más volverás a estar en el mismo punto del espacio.
El planeta avanza sin cesar, el sistema solar se desplaza, y tú con él.
El lugar exacto donde celebraste un cumpleaños, donde diste un beso o lloraste una pérdida,
ya no existe en el mismo sitio del cosmos.
No hay dos instantes iguales.
No hay dos tú iguales.

Creemos que los días se repiten porque somos pequeños y necesitamos referencias.
Pero el universo nunca repite nada.

Esa es la trampa de los ciclos: útiles para sembrar, para organizar cosechas,
pero también cómodos para anestesiar la mente.
El calendario nació para medir, pero también para hacernos creer que hay otro enero, otro agosto, otro verano más.
Y no. Solo hay éste.


El tiempo no da miedo, da enfoque

Saber eso no da miedo. Da lucidez.
Porque si sabes que te quedan unos cientos de meses, puedes elegir mejor:
dónde pasarlos, con quién, en qué gastar tus horas, qué libros leer,
a quiénes amar y qué conversaciones cuidar.
Cuántas vacaciones reales te quedan,
cuántas veces más verás a tus padres o a tus amigos de siempre.

Y cuando tomas conciencia de eso, cada gesto cambia de textura.
Ese café deja de ser “uno más”.
Esa película deja de ser “para matar el rato”.
El tiempo no se estira,
pero se ensancha cuando lo habitas con atención.

Y si te fijas, hay muchas personas que viven en bucle,
recordando una y otra vez los mismos momentos del pasado.
Quedan con amigos para decir “¿te acuerdas cuando…?”
y no se dan cuenta de que llevan años sin crear nada nuevo.
Hoy es el mejor momento de tu vida para empezar a crear recuerdos nuevos,
y lo bonito es que todavía te queda tiempo para vivirlos.


El ejercicio

Haz un alto.
Toma conciencia del tiempo que te queda.
Porque en el fondo somos el tiempo que nos queda.

Haz un inventario:

Las películas que aún quieres ver.

Los libros que aún quieres leer.

Las personas con las que aún quieres pasar tiempo.

Y sé honesto: ¿cuánto de eso estás dejando para “más adelante”?

Después, escribe cartas.
A quienes sigan aquí y también a quienes ya no.
Porque, igual que la materia y la energía, la conciencia tampoco desaparece.
Cuéntales lo que te faltó decir, agradéceles lo que te dejaron,
háblales al universo: te escuchan, aunque no respondan con voz.


La carta de los 888

Cuando escribas tu carta, no la mandes sola.
Acompáñala con dos hojas:
una con tu propio póster de los 888 meses, donde hayas tachado los que ya viviste,
y otra en blanco, para que la persona pueda hacerlo también.

En la carta, cuéntale qué has sentido al mirar los meses que te quedan.
No desde la nostalgia, sino desde la gratitud.
Dile lo que nunca dijiste.
Dale las gracias.
Pide perdón si toca.
Reconoce su huella en tu vida.
Y sobre todo, invítale a continuar el gesto:
que escriba su propia carta a alguien más,
que tache sus meses y que entregue el segundo póster.

Así se crea una cadena de conciencia, silenciosa y real.
No es un reto viral, ni una promesa de eternidad.
Es solo un recordatorio de que seguimos aquí,
por un tiempo finito, pero suficiente para dejar huellas limpias.


Sembrar conciencia

Este ejercicio no es para angustiarte.
Es para despertar.
Y al hacerlo, ayudarás sin darte cuenta a que otros despierten también.

No todo el mundo tiene que dejar un legado, inventar la penicilina o salvar un cuartel.
A veces basta con un gesto sincero de conciencia,
una conversación con peso,
una gratitud dicha a tiempo.

No tienes que salvar a todos.
Solo a quien te importa.
Y si a su vez esa persona hace lo mismo,
habrás plantado una semilla de claridad en un mundo que vive dormido.


El cierre

El póster que acompaña este texto representa 888 meses,
la media de vida humana sobre la Tierra.
No está ahí para medir, sino para recordarte que cada uno es distinto.
Porque si cada segundo ya es un regalo del universo,
y cada día ocurre en un punto del cosmos que nunca volverá a repetirse,
haber recibido 888 meses es un privilegio casi cósmico.

No se trata de cambiar el mundo.
Basta con no vivir dormido en él.
Yo estoy en ello.
Hazlo tú también.
Vivir con conciencia lo cambia todo.