Hipnosis

Cómo entiendo la hipnosis

La hipnosis es una herramienta de acompañamiento y cambio personal que facilita ajustes en la forma de pensar, sentir y actuar. Consiste en inducir un estado de concentración profunda en el que la mente está más receptiva a ciertas propuestas, imágenes y formas de hablar. A mí me gusta verla como un idioma: una manera de dirigirse a la parte de ti que suele ir en automático.

En ningún momento se pierde el control ni la voluntad. Se gana enfoque: puedes ignorar distracciones y acceder mejor a tus propios recursos internos.

No es un show ni una pérdida de control

La hipnosis de espectáculo busca entretener: selecciona a personas muy predispuestas y crea un contexto teatral para generar impacto en el público.

La hipnosis que utilizo en sesión no es un show. Es un proceso serio de acompañamiento personal, con objetivos concretos y centrado en cambios reales y sostenibles en tu vida cotidiana.

Hipnosis, psicología y PNL

La psicología tradicional trabaja sobre todo desde la conversación consciente y, en el caso de los profesionales sanitarios, incluye evaluación, diagnóstico y tratamiento.

La hipnosis que utilizo no es psicología ni terapia sanitaria, aunque puede complementar otros procesos. Trabaja sobre todo en cómo tu mente organiza recuerdos, imágenes, emociones y lenguaje, aprovechando el estado hipnótico para introducir cambios de una forma más directa y natural.

Comparte muchos principios con la Programación Neurolingüística (PNL): el lenguaje moldea la experiencia. Cuando cambias el diálogo interno, cambian también la emoción, la conducta y la forma de relacionarte contigo y con los demás.

Colaborar con el proceso

La hipnosis no funciona por imposición. Si una persona no quiere ser hipnotizada, no lo será; y eso es una buena noticia, porque significa que la hipnosis no sirve para manipular a nadie en contra de su voluntad.

Cuando la persona sí quiere y colabora, casi siempre termina entrando en hipnosis, porque lo que se entrena es la capacidad de responder a propuestas sencillas: seguir instrucciones, imaginar, focalizar y permitir que el cuerpo y la mente reaccionen.

Resistirse no te hace más inteligente; solo te limita. Es como ir al fisioterapeuta y ponerte rígido para que no pueda trabajar: no demuestra nada, solo te quita beneficio.

Objetivos habituales en sesión

Algunos objetivos habituales con los que trabajo son:

Cambiar hábitos y conductas automáticas que te hacen daño (por ejemplo, comer por ansiedad o posponer siempre lo importante), siempre como apoyo al resto de decisiones y procesos que estés siguiendo.

Gestionar mejor el estrés, las preocupaciones recurrentes y el miedo al futuro, recuperando sensación de calma y control interno.

Preparar la mente para deporte, oposiciones, exámenes o situaciones de alto rendimiento: foco, confianza y gestión del esfuerzo.

Acompañar procesos de duelo, rupturas y relaciones de dependencia afectiva, para poder soltar y recolocar lo vivido.

Mejorar la relación con tu cuerpo: aliviar la vivencia de malestar físico dentro del plan médico que ya tengas, y nunca en lugar de él.

Facilitar el descanso y la desconexión, creando rutinas y estados de relajación que favorezcan un sueño más reparador.