Hipnosis regresiva y vidas pasadas: por qué leer ¿Quién fui? antes de una sesión
En una sesión de hipnosis regresiva pueden aparecer lugares, objetos, profesiones o formas de vida que nos resultan difíciles de describir. ¿Quién fui? reúne cien escenas de otras épocas para ampliar nuestro vocabulario interior y llegar a la experiencia con más recursos, curiosidad y apertura.
A veces el problema no es lo que ves, sino cómo contarlo
Imagina que durante una sesión de hipnosis regresiva aparece una habitación que no reconoces.
Sabes que es antigua. Hay algo sobre una mesa. Quizá una herramienta. Quizá un recipiente. Ves cómo vas vestido. Hay personas alrededor haciendo algo que para ellas parece completamente cotidiano.
Pero tú no sabes qué estás viendo.
Intentas explicarlo:
—Es como una especie de…
—Parece algo para…
—No sé cómo se llama.
—Es de madera, pero tiene una cosa…
Y de repente buena parte de tu atención deja de estar en la experiencia y empieza a estar en buscar palabras.
Esto ocurre más de lo que podría parecer.
Nuestro cerebro trabaja con aquello que conoce. Tenemos un enorme vocabulario para describir un teléfono, una oficina, un coche o una cocina moderna porque forman parte de nuestro mundo. Pero no necesariamente sabemos distinguir un telar, una tablilla de arcilla, determinadas herramientas agrícolas, la organización de un taller antiguo o los objetos cotidianos de personas que vivieron hace siglos.
Por eso creé ¿Quién fui?.
No para decirte quién fuiste.
Sino para darte más recursos para explorar la pregunta.
Cien pequeñas vidas posibles
¿Quién fui? reúne cien escenas breves, organizadas en diez grandes ámbitos históricos: desde comunidades anteriores a las primeras ciudades hasta vidas mucho más próximas a nuestro tiempo.
No encontrarás grandes biografías ni largas explicaciones históricas.
Encontrarás momentos.
Un cazador siguiendo una huella.
Una alfarera trabajando el barro.
Un escriba registrando cantidades sobre arcilla.
Una mujer que trabaja en un taller.
Un marinero.
Una partera.
Un relojero.
Una actriz.
Un emigrante.
Una enfermera.
Personas corrientes haciendo cosas corrientes dentro de mundos que para nosotros ya no lo son.
Y eso es precisamente lo interesante.
Porque cuando pensamos en otras épocas solemos pensar en reyes, batallas, pirámides o grandes acontecimientos. Sin embargo, si aceptamos por un momento el marco espiritual de las vidas pasadas, lo más probable es que una vida anterior tampoco consistiera en estar permanentemente protagonizando un acontecimiento histórico.
También habría días normales.
Trabajo.
Familia.
Comida.
Cansancio.
Amistades.
Problemas.
Deseos.
Decisiones pequeñas.
La vida.
Si tu marco espiritual contempla las vidas pasadas
Hay personas que llegan a la hipnosis regresiva porque las vidas pasadas forman parte de su manera de comprender la existencia.
No veo ninguna necesidad de empezar una sesión intentando desmontar ese marco.
Si para ti existe la posibilidad de haber vivido anteriormente, podemos trabajar desde ahí.
Podemos explorar.
Podemos observar.
Podemos preguntarnos qué aparece.
Y después tendremos tiempo para hablar de lo que significa.
No necesito decidir por ti, antes de empezar, qué naturaleza tiene una experiencia regresiva.
Mi trabajo consiste primero en ayudarte a entrar en ella, observarla y contarla.
Primero observa. Después interpreta.
Ese orden me parece mucho más interesante.
Tener vocabulario cambia la experiencia
Hay otra razón por la que creo que leer este libro puede ser útil antes de una regresión.
El lenguaje nos permite mirar con mayor precisión.
No es lo mismo decir:
«Había una cosa rara de piedra.»
que poder decir:
«Parecía un molino.»
No es lo mismo:
«Estaba en algún lugar antiguo.»
que:
«Parecía un mercado, había puestos, telas, recipientes y personas negociando.»
No tienes que convertirte en historiador.
Ni aprenderte cien profesiones.
Ni estudiar el libro.
Simplemente estás ensanchando tu repertorio.
El cuaderno original nació precisamente con esa intención: ampliar el repertorio de imágenes del lector y observar qué objetos, relaciones, ambientes o pequeños detalles despiertan su atención.
Cuantas más referencias posees, más posibilidades tienes de describir lo que estás experimentando.
Y eso, durante una sesión, puede ser muy valioso.
Leerlo no significa buscar una vida que encaje contigo
Esto es importante.
No recomiendo abrir ¿Quién fui? pensando:
«Voy a encontrar aquí mi vida pasada.»
Sería una forma bastante pobre de utilizarlo.
Prefiero otra actitud.
Lee.
Curiosea.
Pasa páginas.
Observa.
Quizá una escena no te diga absolutamente nada.
Perfecto.
Quizá otra te resulte hermosa.
Quizá una época te produzca rechazo.
Quizá un oficio te provoque una curiosidad inesperada.
Quizá leas algo y tengas la sensación difícil de explicar de que aquello te resulta familiar.
No hace falta resolverlo.
Anótalo.
Una de las ideas que atraviesa el libro es precisamente prestar atención al detalle que llamó tu atención y, solo después, preguntarte qué significado puede tener para ti.
No todo tiene que convertirse inmediatamente en una explicación.
A veces una buena pregunta merece permanecer un rato siendo solamente una pregunta.
¿Y si después aparece algo parecido durante la regresión?
Entonces tendremos material para trabajar.
Pero aquí hay algo especialmente interesante.
Puede ocurrir que durante la sesión aparezca algo que estaba en el libro.
Puede aparecer algo completamente diferente.
O puede surgir un detalle que no habías considerado importante al leer y que de repente adquiere otra dimensión.
No necesitamos precipitarnos.
Podremos observar:
qué viste,
qué sentiste,
qué sabías dentro de la escena,
quién estaba contigo,
cómo era el lugar,
qué estabas haciendo,
qué edad parecías tener,
qué relación tenías con las personas que aparecían,
qué cosas te resultaban completamente normales allí aunque ahora sean extrañas.
Ahí comienza una exploración mucho más interesante que simplemente intentar acertar una fecha.
Las vidas anteriores también pudieron ser vidas normales
Hay otra intención detrás del libro que me gusta especialmente.
Quitarle a la regresión cierto exceso cinematográfico.
Si exploramos la posibilidad de otras vidas, no todas tienen por qué terminar en una gran tragedia ni desarrollarse alrededor de acontecimientos extraordinarios.
Podrías haber sido alguien que trabajaba la madera.
Alguien que vendía telas.
Una persona que atravesaba todos los días el mismo río.
Alguien que enseñaba un oficio a sus hijos.
Una mujer que esperaba noticias.
Un hombre que reparaba una silla.
De hecho, una de las últimas escenas del libro está dedicada precisamente a una persona corriente cuyo nombre probablemente nunca aparecería en ningún libro de historia, pero cuya vida estaba llena de relaciones, recuerdos y asuntos propios.
Eso también es una vida.
Y quizá ahí exista mucha más riqueza de la que parece.
Cómo recomiendo utilizar ¿Quién fui?
No hace falta que leas las cien escenas de una vez.
Puedes abrirlo durante varios días antes de tu sesión.
Leer cinco.
Diez.
Pasar directamente a una época que te produzca curiosidad.
Volver hacia atrás.
Saltarte una parte.
El propio formato está pensado para poder recorrerlo de esa manera, sin necesidad de completar todo el catálogo.
Mientras lees, puedes apuntar solamente tres cosas:
La escena que llamó tu atención.
El detalle concreto que te hizo detenerte.
La sensación que apareció.
Nada más.
No necesitas interpretarlo todavía.
No necesitas decidir si significa algo.
Y desde luego no tienes que esforzarte por sentir ninguna conexión especial.
Llegar a una regresión con más recursos
Para mí, esa es la verdadera utilidad de ¿Quién fui?.
No pretende darte respuestas antes de la sesión.
Pretende que llegues con más recursos para encontrar tus propias respuestas.
Más imágenes.
Más palabras.
Más contextos.
Más posibilidades.
Y quizá también con algo que considero especialmente importante en hipnosis regresiva:
permiso para explorar.
Si tu marco espiritual contempla que hemos podido vivir otras vidas, no tienes que disculparte por querer averiguar qué aparece cuando diriges tu atención hacia ellas.
Podemos entrar en esa experiencia con curiosidad.
Podemos recorrerla.
Podemos escuchar lo que surge.
Y después, con todo el material delante, hablar tranquilamente de su significado.
Porque quizá la pregunta interesante no sea únicamente:
¿Esto ocurrió realmente?
Puede haber otras.
¿Por qué apareció precisamente esto?
¿Por qué esta persona?
¿Por qué este lugar?
¿Qué siento al estar aquí?
¿Qué sé en esta escena que nadie me ha explicado?
Y, por supuesto, la pregunta que da nombre al libro:
¿Quién fui?
No tengo interés en responderla por ti.
Tengo interés en ayudarte a explorarla.